miércoles, 26 de diciembre de 2012

Y en urgencias se armó el belén


3:30 horas de la madrugada de un veinti pocos de diciembre. En la sala de espera de urgencias pocos pacientes, un joven matrimonio, nuestra Encarni y, no me lo puedo creer: Antoñito el yonky,  muy mejorado acompañado de un joven de raza negra de dos por dos y por manos dos panderetas. Claro, claro, para cualquiera, tres pacientes en la sala de espera no es nada, pero lo que no sabe nadie es que la Encarni y el Antoñito son como los futbolistas buenos de los cromos: valen por diez cada uno y si los juntas tienen el mismo efecto que obtenemos al mezclar agua fuerte y bolitas de aluminio: una bomba.

martes, 18 de diciembre de 2012

Tipología del paciente


Supongo que hay infinitas tipologías de pacientes, modos de clasificarlos, o formas de agruparlos. A mí la que más degusta es la clasificación en función de la respuesta que dan cuando se les pregunta: “¿Qué tratamiento toma usted?”. Encontramos, de esta manera, tres tipos de pacientes:

Paciente tipo 1 o Paciente formacolorytamaño:

-       Yo tomo unas pastillas redondas y blancas, sabe usted cuales le digo ¿no?
-       Pues no la verdad.



martes, 11 de diciembre de 2012

Habitación 1110


Era conocida la historia que se cernía sobre la habitación 1110 y que se alimentaba, por el personal más viejo,  al abrigo de una taza de café en esas frías y tediosas noches de invierno. Allí pasó sus últimos días un conocido monje cuyo espíritu hacía acto de presencia ante el paciente, para reconfortarlo según unos,  como premonición de una muerte cercana según otros.
Ya llevaba unos meses en la unidad y por suerte nunca presencié experiencias paranormales. Intentaba no pensar en ello, pese a que mi compañera se empeñase en recordármelo continuamente con sus actos: se persignaba siempre antes de entrar en la habitación y aceleraba su paso cuando llegaba a la altura de la 1110.
El reloj marcaba las 4 de la madrugada cuando sonó el timbre de la 1110. A través del interfono la voz de la hija de la paciente: “Por favor, ayuden mi madre”.  Siempre que se oyen este tipo de frases el resultado suele ser el mismo, el fallecimiento del paciente.
Acudimos rápido pero mi compañera no olvidó su ritual al entrar. Por fortuna la paciente estaba viva; la hija aterrada, nos gritaba: “Esa no es mi madre, esa no es la cara de mi madre”. La paciente, con la cara desencajada, con rasgos casi felinos, imposible que se comunicase debido a su patología de base, se afanaba en señalar la esquina de la habitación. No quería mirar donde apuntaba, mi grado de sugestión era tal que, si lo hacía, estaba seguro que vería al monje, al cura, al papa o incluso a la madre Teresa de Calcuta.

martes, 4 de diciembre de 2012

¿Por qué odio quirófano?


Después de hablar con amigos blogueros, todos coinciden en la misma cuestión: escribir un blog, sea de la temática que sea, es compartir algo personal con aquellos que te leen. Después de un año escribiendo, quizás sea el momento de explicaros por qué odio el trabajo en el servicio de quirófano.

Una fría mañana de enero me incorporé al servicio de urgencias. Nada más llegar, la supervisora me ladró:

-       Guau, guau, vete al quirófano.

-       ¿Al quirófano? ¡Nunca he estado en quirófano!

-       Necesitan un enfermero, te vas y punto.

Al llegar me encontré con un rinoceronte que portaba una identificación con la leyenda escrita en su bata: supervisor de quirófano.Ponte el uniforme verde y vete al quirófano 1”. De nada sirvió que le dijese que no tenía ni idea de cómo se trabaja en un quirófano.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Un año...


Este blog cumple hoy un año. Un año de historias surrealistas, absurdas, de situaciones cómicas que por muy difícil que sea de creer son verídicas. Algunas las viví en primera persona, en otras asistí como espectador, y en todas me he visto reflejado.

Antoñito elyonki, Encarni, Doraimon, lalagarta justiciera, el médico cabrón… todos y cada uno de ellos tienen una cara grabada en mi memoria, y por unas u otras razones les estoy muy agradecido. Igual podría decir de cada uno de los centros hospitalarios en los que en ejercido mi profesión, que los voy a omitir por el riesgo obvio de que alguno me ponga la cara como un pan de pueblo al enterarse de que era yo el que cuenta por ahí que confundió un café solo con un vasito de betadine.

Muchas gracias a todos por aguantar y seguir las idas de olla de Mi Yo Interior (MYI) durante todo un año. Un sicario me obliga a dar las gracias muy especialmente a David yJavier, a Noelia, a Manolo, a Bernardo y a Sonia, por su incondicional seguimiento y ayuda para difundir mis tonterías.



miércoles, 28 de noviembre de 2012

Simplemente Encarni


Son varios los perfiles de pacientes de urgencias “odiados” por el personal sanitario: el agresivo, el demandante, el prepotente, el hiperfrecuentador… y todos ellos son adjetivos que bien describen a nuestra Encarni, la paciente que en más ocasiones nos ha visitado, su record, cinco veces en un mismo día. Motivos: dolor en primer, segundo, tercer, cuarto y quinto dedo de la mano derecha, y creo que si hubiesen sido seis veces si la doña tuviese seis dedos.

En otra ocasión nos visitó para que estuviésemos tranquilos, el mundo no se acaba el 12/12/2012, si no el 13/13/2013, ya que este es, y cito literalmente, el número del “diablo del infierno”.

Al poco acudía reclamando un test de gestación ya que había sido violada en múltiples ocasiones por el espíritu santo “hecho paloma”.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Urgencias: Vuelvo porque el tratamiento no me hace efecto


Ante este motivo de consulta automáticamente debería formularse por protocolo la pregunta, ¿cómo se toma usted el medicamento?

Y es que aún permanece grabado en nuestra memoria enfermera aquel paciente que literalmente se comía las pastillas efervescentes de paracetamol de 1gr y rápidamente las escupía pensando que era alérgico; o el amigo Carlos, que quiso tomarse antes de entrar a quirófano un cafelito solo sin azúcar  que resultó más bien un chupito de antiséptico Betadine jabonoso.

Que no se sientan sólos, una serie de pacientes quieren acompañarlos:

martes, 13 de noviembre de 2012

Jesús, te miro


Turno de tarde en esa unidad de medicina interna, cajón desastre de patologías varias, encabezadas por multitud de abuelos. No habían pasado ni cinco minutos y la abuela de la 1212 ya había canturreado en dos ocasiones la misma cantinela: “Jesuuus te miro a los ooojos, parece mentira que te hayan clavaaado…”.

La noticia de la semana aún se comentaba. Desde hace un par de noches, la gran mayoría de los abuelos estaban desorientados y agitados durante ese turno. Quizás fuese algo totalmente normal; lo novedoso, sin duda, era la alucinación colectiva: todos habían visto a Jesucristo.

De los pacientes más afectados era la abuela de la 1212, que ya llevaba 48 horas cantando: “Jesuus, te miro a los ojos…”, seguida muy de cerca de otros que rezaban el rosario, el padrenuestro y otras oraciones.


jueves, 8 de noviembre de 2012

Urgencias: la realidad supera la ficción


En una consulta de urgencias, el nerviosismo del paciente puede llegar a provocar escenas surrealistas en las que la realidad sigue superando la ficción. Os dejo varios ejemplos bastante recientes.

El doctor a la señora: “Tiene el tobillo muy inflamado le vamos a poner un carrito y se le va hacer una radiografía.”

La señora al doctor: “Doctor, yo no soy mucho de caldito pero si eso es bueno para la inflamación pues me lo tomo”.

La rubia de buen ver acude a urgencias por un cuadro de cefalea compatible con sinusitis. Para confirmar el diagnóstico se pide una radiografía de senos (senos  paranasales, por tanto, radiografía de cabeza).

martes, 30 de octubre de 2012

La trampa


Bajitos, redonditos, de chapetas sonrosadas… Una entrañable pareja de ancianos, que bien podrían pasar tanto por su aspecto como por su ternura por dos figuritas del portal de Belén, el pastorcillo y la viejecita que alimenta a los pollitos, acudieron esa mañana a urgencias. Aunque el paciente era él, la palabra la tomó ella:

-       Mi marido que sigue con el picor en el culo por las lombrices, el tratamiento que le mandó el doctor no le ha hecho efecto, entonces le he puesto una trampa.

Hice caso omiso a lo de “la trampa”, y directamente en motivo de consulta, indiqué: “picor perianal”. En otros datos de interés: “no responde a tratamiento médico”. Con estos datos en la pantalla del ordenador entraron en la consulta del doctor.

jueves, 25 de octubre de 2012

Bruce Lee y el Real Cuerpo de Celadores


Izquierda, derecha, adelante, atrás… En mi vida había visto maniobrar tanto a una ambulancia en la puerta de urgencias. Hasta que consiguió enfrentar la puerta trasera con la entrada principal. El conductor, si llevase una vara, bien hubiera podido pasarse por pastor en los sanfermines, pero al abrir la puerta más que un toro saltó una lagartija.

Un joven de unos 25 años, ataviado con una camiseta blanca de tirantes, pantalón de lino negro y por zapatos una especie de manoletinas. Hizo unos aspavientos, patadas y puñetazos al aire, que pasaron totalmente desapercibidos por el personal. Para llamar la atención decidió entonces lanzar una silla de ruedas sobre admisión de urgencias, la administrativo que llevaba toda la mañana lamentándose de su analítica de rutina con bajos niveles en hierro a partir de este momento podía dejar de estar preocupada,  la mencionada silla poseía la suficiente cantidad de hierro como para subir los valores sanguíneos a parámetros normales, y es que literalmente se la trago entera.

Entro entonces en acción el Real Cuerpo de Celadores, respaldado por personal de seguridad, consiguiendo reducir al lagartija, coincidiendo ese momento con la entrada de la madre del escuálido reptil, que vociferando ordenó la inmediata liberación de su estimado, inocente y pacífico hijo.

jueves, 18 de octubre de 2012

Top No Urgencias del verano 2012


Todos los veranos los medios de comunicación se quedan sin fuelle. Escasean las noticias y se tira de imaginación para cubrir los huecos que la actualidad no quiere rellenar.

Este verano, las urgencias del centro hospitalario donde trabajo se convirtieron en algo parecido, donde las atenciones verdaderamente urgentes se suplieron con estas noticias de segunda típicas de agosto.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Con el hijo de Winnie de Pooh caducó mi don


Alardeaba de mi don, de mi virtud. Llegó a tal nivel de perfección, que hacíamos apuestas, y en honor a la verdad he de decir que más de un café me ha salido gratis gracias a él.

Tenía el don cuasi divino de la memoria visual. Por aquel entonces realizaba las revisiones y curas postquirúrgicas de los pacientes intervenidos en este hospital. El primer día que acudía el paciente a la consulta, su cara y el tipo de cura quedaban automáticamente registrados en mi mente, de manera que, en las sucesivas visitas, con solo ver su cara sabía que cura le correspondía y así paciente tras paciente.

Aquel día, los quince o veinte pacientes de rigor esperaban su turno de cura, momento que coincidía con el inicio de la apuesta. “Hoy nos jugamos los desayunos de toda la semana”, exclamé. Al mismo tiempo un compañero anotaba mis indicaciones: “El del bigote: cura en hombro derecho; la señora de rojo: cura axila; el abuelo de negro: cura hernia inguinal…”. Así uno tras otro, la apuesta era todo o nada.

jueves, 4 de octubre de 2012

La culpa la tiene Colombo

No tendría más de 40 ni menos de 30 años, lo que si estaba claro  es que rompió  la tranquila madrugada de una guardia en un ambulatorio de un pueblo cualquiera.

Violentamente aporreaba la entrada cerrada, hizo caso omiso del gran cartel: “toque el timbre”.

Medico, técnico y yo nos despertamos casi a la vez, sobresaltados. Se identificó como guardia civil a la vez que nos mostraba su placa y, para dar mayor veracidad a su testimonio, nos dejó ver como el que no quiere, su arma que prendía del cinturón de su pantalón.
En breve va acudir un alto cargo político para qué lo atendáis. Exijo máxima discreción, no se podrá, en ningún momento, revelar su identidad y para asegurarme de ello os requiso vuestros teléfonos móviles”. Yo se lo entregué sin más dilación, técnico y médico se opusieron pero pronto cedieron ante la insistente, autoritaria y casi violenta voz del picoleto.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Google maps


Por el escaso volumen de trabajo, eran codiciadas las guardias en ese pequeño consultorio de aquel pueblo que apenas superaba los dos mil habitantes repartidos en no más de siete calles.

A las 08:00 horas ya tenía en mi poder la lista de asistencias domiciliarias: Francisca Fernández, calle Nueva Nº 17, cura  talón derecho; Andrés Herrero, calle Caño Nº 5, inyectable Inzitan… y así hasta unos doce pacientes.

A las 08:50 horas aún buscaba la calle Nueva y a Francisca. A las 09:15 horas, hasta los cojones, me enteré de que la calle Nueva era conocida como la calle del Ayuntamiento y a Francisca se la conocía como “la Tuerta”. No hizo falta que le preguntase el nombre, me abrió la puerta una señora con un ojo verde turquesa que no iba a juego con el derecho, en su lugar un hueco.

 A las 11:15 horas ya había recorrido el pueblo no sé cuántas veces, a ver cómo cojones llaman a la calle Caño. Efectivamente. Esta era la famosa calle Arroyo, y Andrés no era Andrés era “el Corto” y vivía con su hermana “la Corta” que fue quien me abrió después de varios minutos de espera. “La Corta” era de dimensiones descomunales, una autentica dos por dos. El hermano, un oso panda depilado, yacía en calzoncillos en una cama aquejado de un dolor lumbar.

-       Corta, tráeme el medicamento, el Inzitan”.

Tardó varios minutos y se presentó primero con una ampolla de nolotil, después con otra de voltarem, hasta que decidí ir yo mismo a buscarlo. Encontré la caja con la leyenda: “pa pinchárselo a mi hermano cuando le duela el lomo”. En ese momento supe que lo de corta hacía referencia al nivel de entendimiento. “El Corto”, al bajarse los calzoncillos para administrarle el medicamento, me permitió ver una flora y una fauna desconocida por mí, creo que si esta zona se estudiase al microscopio tendría más bichos que una charca.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Mucho mejor


Mari Tere cumplía a raja tabla todos los mandamientos de su pueblo, que se transmitían de generación en generación, de madres a hijas:

Primero: Te casarás antes de los 30. Si es antes, mucho mejor.
Segundo: Tendrás un hijo a los 30. Si es antes, mucho mejor.

Tercero: Te casarás en la Parroquia de Santa Catalina. Cuantas más flores mejor.
Cuarto: Celebrarás tu enlace en Casa Paco (a tu servicio desde 1950). Cuantos más invitados mejor.

Quinto: Te comprarás tu traje de novia en Conchi Trajes de Novia y Madrina.

Pero Mari Tere, quería un traje mucho mejor, una boda mucho mejor, y por ello, a pocas semanas vista, decidió saltarse el cuarto y quinto mandamiento, celebrar su unión en el prado donde entregó su virginidad a su futuro esposo y comprar el traje en otro lugar.
La abuela casi hubiera preferido que su nieta fuese embarazada a la boda antes que saltarse el cuarto y el quinto mandamiento.

Todo listo, que empiece la celebración. Antes del segundo plato, la mala conexión de uno de los fogones provocó la intoxicación por inhalación de gas, primero de uno de los cocineros, después del otro , seguidamente, uno tras otro,  todos los camareros y por último los comensales de la mesa anexa a la caseta convertida en improvisada cocina, que no eran otros que la novia, el novio, los respectivos suegros y la abuela.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Prácticas con Aurelio


Corría el siglo pasado y 109 alumnos de 2º curso de enfermería esperábamos nerviosos e ilusionados conocer nuestro destino de prácticas, ese primer contacto con el paciente, esa posibilidad de aprender y aplicar los conocimientos adquiridos en esos dos años.

Lo tenía claro: quería un servicio especializado, un quirófano, una uci, unas urgencias; de ninguna manera esas plantas de medicina interna donde se acoplaban enfermos de edad avanzada.

Recordé aquellos ocho años de la extinguida E.G.B. en la que  cada curso escolar recibíamos la visita del cura del barrio que nos hablaba del hambre que pasaban los negritos en África y sorteaba veinticinco pegatinas del Domund entre los veintiocho alumnos. En esos ocho años jamás me toco una de esas pegatinas, no sé si era mala suerte o le caía mal al párroco. ¿Repetiría esa mala suerte?

Oí mi nombre y seguidamente mi destino: medicina interna.

Después de conocer los destinos nos entregaron un ridículo y pueril cuadernillo de prácticas donde a diario debíamos registrar una serie de ítems.

Encabronado empecé ese primer día de prácticas. Primera tarea: toma de tensiones arteriales a unos treinta abuelos; llevaría unas veinte cuando entré en una habitación ocupada por un solo paciente, Aurelio, de 87 años, apodado “el bolas”, cabeza redonda con calva reluciente, demenciado ,incontinente fecal y urinario, permanecía ajeno a mi conversación mientras le tomaba la tensión, con sus manos metidas por dentro del pañal alojadas en el culo. No había finalizado cuando, sin darme cuenta, saco su mano izquierda del pañal y me propinó una autentica ostia en la cara. Grité como una niña pequeña, lo que alertó al personal que acudió de inmediato. Lo peor no fue el bofetón si no su acompañamiento, una bola de mierda que perdió su forma al comprimirla entre mi cara y su mano.

Al llegar a casa registré a lápiz, con la finalidad de posteriormente borrarlo, en mi cuadernillo de prácticas: “Querido diario: hoy un anciano demenciado me ha enseñado que todo lo que he aprendido hasta el momento en enfermería es literalmente una mierda y que en enfermería la cosas se aprenden también literalmente a ostias, y todo ello en menos de un minuto”.

No recordé borrar ese comentario y la respuesta de la profesora no tuvo desperdicio: era un alumno troglodita y la formación había que buscarla. Le hice caso y desde ese momento dejé de asistir a su clase para buscar la formación en el único profesor digno de mi respeto: Aurelio, el bolas.

Jamás pensé que la mierda marcaría tanto mi destino profesional, en sentido abstracto y literal.

martes, 4 de septiembre de 2012

Niebla no es huérfano


De mañana, a las 06:15 horas, saliendo de casa y daba igual, que fuesen las y 15 ó 16 ó y 18;  me encontraría con mi vecina en el ascensor, como todos los días, acompañada de su mascota, un perro híbrido de chigua gua y rata, con uno ojo medio tuerto, medio estrábico, que nada más verme arrugaría su hocico y me lanzaría varias dentelladas.

Eso no me molestaba, lo peor era mi vecina: “mira mi Niebla huérfano, con el ojo malito, te ladra porque no le gustan los negritos…” Y yo estaba hasta los mismos cojones de explicarle que yo no era negrito ni morenito.

Al llegar al hospital, sorpresa, el médico de siempre de baja, en su lugar la sustituta. La saludé, me presenté y no obtuve respuesta, al rato giró su pescuezo, como la muñeca diabólica,  inició una mezcla de sermón-riña tipo médico-enfermero: “Te quiero decir en primer lugar y dejarte claro que el médico soy yo, que no me gustan los enfermeros que van de médicos.

martes, 7 de agosto de 2012

Cerrado por contrataciones

Pues eso, que este mes de agosto cerramos por contrataciones el blog. Vuelvo en septiembre con más capítulos para esta biografía de un enfermero quemado.
¡Un abrazo!

martes, 31 de julio de 2012

Cuatro tiempos

De lleno en plena fase REM de mi sueño, los gritos parecían que formaban parte de la película, pero no, me desperté sobresaltado: “un médico,  un médico”. Frente a mí, Maruja, la auxiliar más vieja del planeta, apodada la cardiosaludable, porque ni de estrés ni de infarto moriría nunca. Personalmente prefería llamarla la cuatro tiempos, y es que todo lo hacía en cuatro fases, si tenía que echar azúcar al café: introducir cuchara en azucarero – pausa - girar cuchara sobre café – pausa - mover café - pausa… Pero los fines de semana y festivos precisaba un mayor número de tiempos así que simplemente la llamaba “la Coño”.

Al salir me encontré de bruces con unos viejos conocidos y temidos usuarios del servicio de urgencias: el Oso, el Lince y entre ambos, sujetado por los hombros, el Cobra.

Todos hicimos nuestra lotería: una pelea, sobredosis, accidente moto…  todos menos la cuatro tiempos, que permanecía sentada en el estar de enfermería leyendo una revista,  en concreto el inicio del verano marcado por el posado en bikini de una tal Ana no se qué.

Las tres especies en peligro de extinción entraron en la sala de clasificación de pacientes, y ante la pregunta: “¿qué le pasa?” pusieron cara de asombro; a la vez todos señalaron un lunar de dimensiones similares a una moneda dos céntimos.

-          ¿No lo ves? Mira como cambia de color, ahora rojo, azu

Llos ojos vidriosos se dirigieron a sus amigos:  fuera y de un golpe, el Oso y el Lince abandonaron la consulta. El Cobra se abalanzó sobre mí:

-          Doctor, doctor.

Pensé que me iba a pegar , me abrazo llorando y suponiendo que estaba en su lecho de muerte me miro fijamente y me dijo:

-          Doctor dígame la verdad cuanto tiempo de vida me queda, se que tengo un cáncer de piel eléctrico.

Fruto del consumo de sustancias prohibidas sufrió una paranoia “mortal” en forma de un inexistente y solo apreciable por él cáncer eléctrico cambiante de color.

Quise vengarme del miedo que nos había inflingido cada vez que nos visitaba, el daño causado a tantas personas, quise decirle: “Cierto Cobra, te quedan minutos de vida“.

Pero llevé a cabo  una conducta por imitación: lo miré fijamente – pausa - cerré los ojos – pausa - asentí con la cabeza - pausa-ahora te verá el médico - pausa.

La conducta cuatro tiempos causó estragos en el Cobra, jamás vi una cara de miedo mayor en mi vida y la respuesta no se hizo esperar:

-          Llamad a mi madre, mamá, mamá…

Maruja no es una chochona, es un arma de destrucción masiva, ante la adversidad no se enfrenta a los pacientes desarrolla la conducta 4 tiempos

Camino de casa he recibido el alto de la guardia civil, no he tenido miedo, he desarrollado la técnica cuatro tiempos. Resultado: retirada de dos puntos y 212 euros de multa por exceso de velocidad. Tengo que seguir entrenando.

El cobra prescindió desde ese día de nuestros servicios, quizás por el efecto cuatro tiempos, quizás murió electrocutado por su cáncer. No se sabe. Lo que sí se que al igual que aquella famosa marcaba en bikini el inicio de la temporada estival, Maruja, gracias a Dios no en bikini, marcó en mi el inicio de una conducta más cardiosaludable.

lunes, 23 de julio de 2012

El roal

Una alfombra roja”, contesté a la pregunta del director.

Por esa época jugaba a ser supervisor de urgencias en funciones a la espera de que se incorporase el autentico y genuino profesional que se encargase de estos menesteres.

Siempre era lo mismo: qué recursos materiales precisa urgencias y daba igual lo que se necesitase por que nunca llegaba. Eso sí, la petición debía ajustarse a un protocolo insufrible de interminables apartados: justificación, objetivos, presencia en otros centros, mejoras para el usuario, precios…

“¿Una alfombra roja? ¿Para qué? ¿Es que no sabes lo que necesita tu servicio?” Me preguntó en todo diabólico el director.

 -       Para cuando nos visite Ricardo alias “el roales” - respondí.

Y es que el sábado anterior  a las 21:30 horas, se personó en urgencias un paciente elegantemente vestido con traje de chaqueta, corbata y sombrero incluido, rondaba los 70 años, y llegó acompañado de una señorita que, al igual que la operadora Jazztel, no exigía contrato de permanencia.

Se presentó y sin mas sacó de un decrépito sobre amarillento un no menos desgastado informe médico  firmado por el jefe de servicio de urología, en el que tras informar de la patología sufrida por el paciente y que le obligaba a portar de forma permanente una sonda vesical conectada a una bolsa de orina, autorizaba la retirada de la misma los sábados por la noche, para satisfacción de necesidades, y recolocación el domingo por la mañana.

Llamó tanto la atención que el médico de guardia se intereso por el caso:

-       Hombre, y perdone, ¿usted como se apaña Ricardo?

-       Pues mire usted doctor, a los 30 años perdí a mi mujer y desde entonces no me he enamorado de ninguna otra, así que para darme un desahogo contrato señoritas que hacen todo  lo que pueden, pero a esta - señalando su entrepierna - le cuesta levantar cabeza.

-       Ja ja ja, abuelo usted no esta para esos trotes y no toma usted nada para endurecer el tema, jajaja.

-       Pues doctor más que tomar, como.

-       Y que come usted.

-       Pues le como a la muchacha el roal para como usted dice endurecer el tema.

El miércoles por la mañana a primera hora el grito ensordecedor del director a través del auricular del teléfono no daba lugar a dudas, estaba encabronado aún no le había adjuntado el informe. “¿Es que no sabes lo que necesita tu servicio?”.

No, le respondí, pero sí se lo que tú necesitas: comerte un buen roal.

Le tengo que dar la razón al sabio Ricardo: el roal endurece, en mi caso la relación con mi director.

martes, 17 de julio de 2012

La Devo y la Sole

El Seat Ibiza rosa chicle venía con equipamiento de serie: la Yeni, la Devo, la Vane y la Sole. El pack indivisible de chonis hoy haría una excepción y a la Devo solo le acompañaría a urgencias la Sole.

-          “¿Qué le pasa?”, preguntó  un enfermero cualquiera.

-          “Me he doblado el tobillo.”

La Devo iba montada en unos zapatos de tacón, rectifico plataformas  tipo petrolíferas.  Ante la ausencia de signos inflamatorios, tumefacción… el enfermero no solicitó radiografía lo que enfadó profundamente a la Devo que sí presentaba intensos síntomas: dolor insoportable. El término signo hace referencia a lo objetivable (inflamación) y el síntoma esta relacionado con lo subjetivo: el dolor.


He creído útil esta aclaración ya que fue una pregunta de la primera oposición a la que me presenté. No es necesario decir que la suspendí, por aquellos años  pensaba que en una oposición solo preguntarían cosas importantes no soplapolleces. Cabe preguntarse : ¿el que aprueba una oposición en la que preguntan soplapolleces es un soplapollas?

El médico ante la insistencia se vio obligado a solicitar la dichosa radiografía. Y ante una mujer fértil antes de la prueba hay cerciorarse de la posibilidad de embarazo, ante lo que la Devo respondió:

-          “Pues no se, doctor, tengo un retraso”.

Lo que obliga al doctor a realizar el test de gestación.

Test de gestación que fue tan negativo como la radiografía carente de lesiones. Ante la negatividad del test, la Devo saltó de alegría sobre su presuntamente enfermo tobillo izquierdo.

Antes de abandonar el servicio de urgencias la Sole espetó a la Devo:

-          “Lo que tenemos que hacer pa ahorrarnos  el predictor, tía”.

Radiografía de tobillo dos proyecciones: 41 euros.

Test de gestación: 8 euros.

Consulta de urgencias: 63 euros.

Sangrar un sistema sanitario público ávido de transfusión no tiene precio. Para todo lo demás sigan reduciéndonos el sueldo y ampliándonos la jornada laboral.

Aprobé la última oposición convirtiéndome en el soplapollas 1483. Después de atender estas “urgencias” si repitiese el examen quedaría entre los primeros puestos.
Definición de soplapollas: persona estúpida, sin gracia. Por si lo preguntan en futuros exámenes.

martes, 10 de julio de 2012

Volvo patrocina el cielo

El equipo de urgencias extra-hospitalarias nos dio el aviso, iban de camino al hospital con un paciente: varón de 19 años víctima de un accidente de tráfico, estable hemodinámicamente, consciente, conmocionado y desorientado.

El niño estrenaba su regalo de buenas notas: un BMW serie 1, distraído en la búsqueda de la conexión USB para su pendrive  y  en comprobar el funcionamiento de su extenso equipamiento interior no se percató de que circulaba a unos 80 km/h y mucho menos de que el semáforo estaba en rojo. Colisionó con un vehículo que pacientemente esperaba el cambio de color. Fruto del impacto, el joven perdió momentáneamente el conocimiento, cuando lo recuperó, pudo también comprobar el perfecto funcionamiento de todos los sistemas de seguridad. Ese color blanco que ocupaba todo el parabrisas le hizo pensar que había muerto y estaba en el cielo. Nada más lejos de la realidad. Se trataba del color del maletero del vehículo en el que se  había empotrado, de nada le sirvió leer la marca en la zona central de ese portón trasero: Volvo; el joven pensaba no solo que había muerto sino que esa marca de vehículos patrocinaba el cielo.

Esa letanía mantenida desde su ingreso en observación: El cielo lo patrocina Volvo, hicieron pensar al médico que eran fruto de la conmoción sufrida pero la descartó inmediatamente, la causa era completamente hereditaria, cosa de familia, ya que el padre del inexperto conductor mantenía la misma retahíla: 22, 22, 22. Haciendo referencia al número de kilómetros con la que el conductor lego puso punto y final a su flamante regalo.

martes, 3 de julio de 2012

Maris

Hoy es día de mercadillo: desasosiego, inquietud y por qué no, miedo ante la avalancha de maris que acudirán en masa tras sus compras.

Son las 11:00 horas y ya son mas de veinte las que esperan ser atendidas.

Tras un simple reconocimiento visual del panorama, podemos clasificar las maris como sujetos de la siguiente sintomatología:

-          No se identifica como tal, se reconoce por su atuendo: el llamado bambito: una especie de vestido de tela de estampados florido de colores imposibles (verdes, rojos, marrones, fluorescentes, etc.); las mas transgresoras chanclas, las más conservadoras zapatillas de paño; moño multihorquillado y las inconfundibles bolsas de plástico del mercadillo verdes o blancas.

-          Motivo de consulta: ante la pregunta “qué le pasa” nunca, nunca, responden directamente y todas empiezan con un arquetípico: “Pues mira padre mío vengo del mercadillo que me comprao unas bragas buenísimas a ebro niño y color visón que son las más sufrías…” Los motivos de consulta requieren traducción: “Tronío en el selebro que no me se quita ni tomando el dolotin” (cefalea que no cede con analgesia: nolotil), “Reventaero en el culo de adelante” (posible infección de orina), “Cada vez que enfilo una cuesta me  se  salen los adentros” (disnea-ahogo de esfuerzo), “llevo unos días que no estoy en mi ser” ( sin posibilidad de traducción).

-          Independientemente de la patología de base todas toman el mismo tratamiento: “Yo tomo unas pastillas mu buenas que me mando mi medico el nombre no me acuerdo son unas asin chiquitillas, reonditas y blancas.” (Desconozco cuantas cientos de miles de presentaciones farmacéuticas poseen esa descripción).

-         No son egoístas siempre piensan en los demás: “Oye mira a ver si me puedes dar unas pastillas pa mi mario que esta malo de los nervios, dame una caja de guantes pa fregar las escaleras de mi comunidad…

-          Desconocen si son alérgicas a algún medicamento porque según comentan no los han probado todos.

Alcanzaban la treintena en la sala de espera aún sin ser atendidas, pasaron de los remedios caseros para quitar las manchas y de cómo es la mejor forma de gratinar el pollo sin que se quede seco, a cagarse literalmente en nuestros muertos. Lo peor estaba por llegar. Una de ellas ocupó la parte central de la sala de espera y al grito de “No semos bichos, que semos personas” (frase que la buena señora ha copiado de un famoso programa televisivo) provocó el mayor levantamiento de pacientes en una sala de espera que se recuerde en las urgencias de un hospital. El personal de seguridad más que desbordado diría yo que estaba acojonado.

Hoy las maris, una minoría a penas audible, siempre a la sombra de sus maridos, que actúan como dueños y señores de sus vidas,  han emprendido  una guerra de guerrillas y han salido victoriosas, han impuesto su criterio, su ley , han dejado de hablarle de usted al médico, han acariciado y saboreado la victoria de sentirse escuchadas.

Hoy sus maridos o no comerán, o comerán comida fría, o tendrán que calentarse por primera vez el almuerzo.

Hoy he tenido ganas de quitarme el uniforme, de desertar, de vestir un bambito, de ser una mari, porque las maris nos han dado una lección: unidas pueden conseguir todo, algo que enfermería aún no sabe, una profesión que no crece , que es objeto de recortes, que actúa solo por intereses individualistas, que también esta a la sombra,  y que no se reconoce.

Hoy las maris ocupan el primer puesto en mi libreta negra, la de pacientes conflictivos y a tener en cuenta en urgencias, seguidas muy de lejos de los yonkis con síndrome de abstinencia.

Hoy enfermería debería ser más mari.




martes, 26 de junio de 2012

Valentín returns

El 1 de agosto comenzaba sus vacaciones el vigilante, el de siempre, su sustituto no podía ser otro: Valentín Jenaro, no lo había vuelto a ver desde aquel día. La pesada, cruel, inhumana broma que le gastamos le costó un subidón de tensión arterial, un ingreso en observación y una mini baja laboral.

Quise disculparme pero quizás después de tanto tiempo no tendría sentido, y así fue, zanjó el tema con una forzada sonrisa y una palmadita en la espalda.

La noche avanzaba como cualquier noche de verano en una ciudad de interior: calurosa, aburrida y lenta, hasta que a las 04:15 horas nos visitó un paciente. Llamaba la atención su calva reluciente y un tatuaje bastante chabacano, vulgar, casi macarra, en su cuello. Quizás por todo su voluminosa mochila negra pasaba desapercibida.


La pregunta de siempre: ¿qué le pasa?; no obtuve respuesta, aparté  la vista del ordenador.

Mi Yo Interior (M.Y.I.): “Malo, malo… gasta cuidado padre”.

La mirada, del paciente, pérdida y fija en el extractor de aire del techo, la boca abierta.

Repetí la pregunta y esta vez con más suerte obtuve respuesta: “Dios y mi madre, que está en el cielo, me hablan”.

M.Y.I.: “Mierda, mierda, mierda un zumbado a las 04:15”.

-      ¿Y qué te dicen?

Violentamente se incorporó, me señaló y con voz de poseso diabólico me respondió:

-       Que te mate.

04:17:15 seg. Pulso el botón anti pánico (un dispositivo que se encuentra debajo de la mesa, al presionarlo se activa una alarma solo audible por el personal de seguridad que acude al lugar de conflicto).

04:17:23 seg. Aprieto el botón anti pánico fuertemente.

04:17:33 seg. Golpeo violentamente  el botón anti pánico.

04:17:39 seg. Reviento el botón anti pánico.

-       Ja, ja, ja…

Una risa satánica:

-       El vigilante no puede hacer nada por ti.

Veo la muerte, veo toda mi vida pasar, veo el túnel y milagrosamente recuerdo el curso de resolución de conflictos, las pautas son claras: si el paciente se levanta, levántate, dale opciones, negocia, voz firme, mira a la cara…

Me levanto, lo que violenta aun más al paciente que de un brusco golpe coloca sobre la mesa la mochila.

Veo pizcos de colores, aumenta el temblor de piernas, creo que me voy a desmayar…

Abre la mochila y veo la porra del vigilante, sin duda ha muerto, sigue buscando y saca un cuaderno en la primera página un muñeco de “inocente inocente” torpemente dibujado. Desde detrás de la cortina de la consulta sale el vigilante, está vivo, ha grabado todo el episodio en su móvil.

Ciertamente el paciente vigilante y compañero de Valentín  acudía a urgencias, tras terminar su servicio, pero por otro motivo.

Hoy tengo claro tres  cosas:

-          Estoy deseando que llegue el año que viene para apuntarme otra vez al curso de resolución de conflictos así podré cagarme en el profesor, en su puta madre, en su puto padre…

-          El vigilante no puede ser tan buen actor, está loco de verdad.

-          Venganza.










miércoles, 20 de junio de 2012

Lagarta justiciera

En el 2000 y poco la crisis llegó a ese hospital privado y la “buena nueva” no tardo en darse a conocer: reducción de sueldo y supresión del 100% de la paga extraordinaria de junio.

La ira, el odio y la indignación alcanzaron cotas insospechadas al coincidir la medida  con la construcción de una suntuosa fuente en el vestíbulo del hospital, de dimensiones parecidas a la piscina infantil de un parque acuático. En la zona central de ese manantial artificial, una bandada de gansos parecía elevar el cuerpo de un niño, y éste, a su vez, alzaba a un último ganso que con sus alas desplegadas iniciaba el vuelo; de su pico a las 07:00 horas emanaba un chorro de agua que caía en forma de palmera, a las 07:05 horas se activaban desde el borde múltiples chorros que caían  en forma de parábola, creando en conjunto un bonito espectáculo.

Era conocida como la Fontana di Trevi ya que alguien, queremos pensar que un paciente, arrojó una moneda, gesto repetido por un infinito número de pacientes y familiares. Esta conducta extendida nos vino muy bien, todas las noches a las 03:15 horas, coincidiendo con la ronda exterior del vigilante, bajábamos y expoliábamos la fontana para invitarnos a café y chocolatinas de las máquinas expendedoras.

Pero esto no paliaba la rabia de mi compañera auxiliar Antonia que pedía más, y esta noche llevaría a cabo su venganza, eligiéndome como vasallo para su cruzada. De su bolso extrajo un bote de lavavajillas de 750cc marca Lagarto. A las 03:15 horas bajamos rápido a la fuente, y no para robar monedas precisamente. Monté a hombros a mi compañera, bajita pero fuerte por no decir gordita. Con mis pies descalzos, pantalón remangado y con esa pesada carga sobre mí, me dirigí con grandes dificultades, el suelo de la fuente resbalaba, al centro de la fontana. Cuando llegamos Antonia asió al último ganso por el cuello y le introdujo el bote de lavavajillas, cebándolo con todo su contenido.

Eran ya casi las 07:00 horas, y las analíticas de los pacientes tendrían que esperar. Antonia y yo nos agazapamos en el ángulo muerto de la escalera que daba acceso al vestíbulo para observar el incipiente espectáculo. La decepción de las 07:00 horas dio paso al entusiasmo de las 07:02 horas cuando un volumen importante de espuma se extendía por el niño, los gansos y  toda la fuente. Volumen que se multiplicó por dos al activarse los chorros de las 07:05. A las 07:30 la espuma casi rozaba la puerta principal y  a las 07:40 el personal de mantenimiento paró el mecanismo de la fuente. A las 08:10 horas el director del centro pidió para nuestra sorpresa la cinta de grabación de la cámara de seguridad colocada justo encima de la fuente, algo a todas luces desconocido para nosotros.

Al llegar a casa pensé en la cara del director al ver las imágenes de mi compañera y mías alimentando al ganso y el posterior castigo, o despido no se lo que se me pudo pasar por la cabeza.

No pude descansar. Volví a trabajar esa misma noche, ¿quizás la última? No había mensajes para mí, ni llamadas perdidas en mi móvil… ¿Me llamaría el director a la mañana siguiente?

El vigilante me debía un favor, estuve todo un mes curándole un desagradable y purulento forúnculo anal y me permitió visionar las imágenes, la malísima calidad de la grabación era evidente: no se podía ni si quiera ver a  dos personas una sobre la otra, parecía una amorfa figura humana tipo yeti con peluca negra moviéndose torpemente por la fuente y estrangulando al inocente ganso.

No hubo represalias y Antonia fue conocida en el reducido círculo de la noche hospitalaria como “la lagarta” en honor a la marca del lavavajillas justiciero.

A partir de ese día en mi cocina no falta el lavavajillas Lagarto no sólo por su poder anti-grasa también por su poder anti-fuente, ya que ésta  dejo de funcionar  esa misma mañana para al  poco tiempo ser desmantelada, todos queremos creer que fue gracias a la acción de Antonia.